FRITZ LANG: FURIA (1936)
Fritz Lang nació en Viena en 1890, y no se descubrió como
gran director y guionista hasta 1919, cuando escribió y produjo su primera
película. Durante su etapa en Alemania rodó obras maestras como las dos partes
de Los Nibelungos, Metrópolis o M, el vampiro de Düsseldorf.
En 1933 huyó de la Alemania de Hitler para trasladarse a Estados Unidos. Su
etapa americana también dio grandes obras a la cinematografía, en esta ocasión
cargadas de crítica social y de reflexiones sobre el individuo y la justicia,
aunque los criterios comerciales impuestos a Lang incitaron al artista a
abandonar los Estados Unidos. Su ingente obra abarcó todos los géneros, excepto
la comedia. Murió en Beverly Hills en 1976, a la edad de 86 años.
Esta película, Furia, la rodó cuando
trabajaba con la Metro Goldwyn Mayer. De hecho, fue su primer film realizado en
Hollywood. Fue dirigida por Fritz Lang, y producida por Joseph Mankiewicz. El
guion lo escribieron Fritz Lang y
Barlett Cormack, y está basado en una historia escrita por Norman Krasna. Los
personajes con mayor importancia son Spencer Tracy (como Joe Wilson), Sylvia
Sidney (como Katie Grant), Walter Abel, Walter Brennan, Bruce Cabot y Edward
Ellis.
Este metraje fue rodado en 1936 y
cuenta una historia basada en esa misma época. Esos años estuvieron marcados
principalmente por la llamada Gran Depresión. Esta crisis se prolongó desde el
llamado Jueves Negro (en octubre de 1929) hasta principios de los años cuarenta.
Este período marcó el arte (y por extensión, el cine) contribuyendo a la
aparición de movimientos que buscaban la evasión de la realidad de la época.
Sin embargo, había otra vertiente en esta industria: en lugar de la evasión,
hacían una crítica al sistema. Furia está a medio camino entre ambas caras de ese
cine: es uno de los antecedentes del cine negro de los años cuarenta, y la
trama principal no gira en torno al sistema desde un punto de vista negativo.
Aun así, sí que está presente una crítica, sobre todo al final del rodaje,
dirigida al sistema de justicia americano.
Furia cuenta la odisea de Joe Wilson, un ciudadano tranquilo y
pacífico que llega a la ciudad de Strand para casarse con su novia Katherine. Es
confundido con un criminal, y en todas partes se cuenta y se deforma la
realidad hasta que un grupo de exaltados decide quemar la cárcel para matar al
que consideran culpable. Dejan sin sentido al sheriff y queman la cárcel, pero
Joe sobrevive y hace creer a todos, menos a sus dos hermanos, que murió en el
incendio. Wilson, ansioso de venganza, se sirve de la ley para intentar
condenar a quienes lo “asesinaron”, pero finalmente hace su aparición en el
juicio, salvando a quienes habían intentado asesinarle (no como acto de
compasión, sino por volver a su antigua vida) y recuperando el amor de Katie.
Esta película se puede dividir de entrada en dos secuencias:
la primera se prolongaría hasta el minuto 45 (aproximadamente), y la segunda
incluiría desde ese momento, cuando Joe resulta estar vivo y anuncia su sed de
venganza, hasta el final del proceso de juicio. Durante la primera parte de la
trama, Joe es un buen hombre; de hecho tiene una riña con sus hermanos por su
modo de vida. Sin embargo, más adelante, se deja llevar por la sed de venganza
para condenar a aquellos que querían matarle. En una conversación con sus
hermanos, admite que se arrepiente de cómo llevaba su vida, de forma honesta. El
final está algo forzado, en mi opinión, y ese happy ending resulta un poco incoherente con el resto de la trama y
no termina de encajar con el resto del estilo de esa película.
A lo largo de la
película, Fritz Lang plasma la condición humana por su lado más oscuro: el odio
y la venganza son captados a la perfección, dándole al film ese estatus de obra maestra del cine merecidamente.
También hace una crítica al sistema judicial americano, pero esta trama está
relegada a un segundo plano y se ve solamente en la segunda mitad de la
película.
Voy a hacer mención a dos
escenas de la película: la que sucede en la barbería cuando se cotillea sobre
la detención de Joe y también cuando en el juicio se muestran las imágenes de
los acusados. La de la barbería me llamó la atención por su significado. El
barbero admite haber soñado con la idea de cortarles la garganta a sus clientes
(tras lo cual el hombre a quien afeitaba sale despavorido) y dice de forma muy
inteligente que la diferencia entre un buen hombre y un criminal está en que el
criminal pasaría la línea de la tentación de cortarle el cuello a la gente.
La otra escena, cuando se
muestran las imágenes de los ciudadanos que “asesinaron” a Joe Wilson, me
impactó visualmente: Fritz Lang hace un contraste impresionante entre esas
imágenes, en las que se ve la locura a la que se dejaron llevar esas personas,
mientras están sentados en el tribunal, encogidos por el miedo y la
culpabilidad. Esa antítesis es una de las partes que más me llamó la atención.
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